jueves, 2 de julio de 2020

La Amante Cibernética

LA AMANTE CIBERNÉTICA


Todo empezó como un juego que terminó por robarle la vida, no tenía tiempo para nada, a veces ya ni para comer.  Sus amantes cibernéticos le absorbían hasta las ideas.

El ocio descomunal la llevó a descubrir una cantidad considerable de hombres a los que tenía acceso a través de las redes sociales. No es que anduviera en busca de una galán de pantalla grande o de romance de novela clásica, sólo se dio cuenta que la oferta era basta y que algunos de ellos mostraban un interés desesperado por involucrarse con mujeres a través de un monitor. 

En el sensible juego del encuentro virtual, estableció relaciones de “amistad” con un cierto grado de coquetería, esas que dicen y dejan decir frases como “estás muy guapa”, “oye y ¿tienes novio o novia?”, “¿y tu novio no se pone celoso de que hables con otros?”, entre otras preguntas y frases ya más hechas y re hechas que varias personas siguen usando para ligar y hacerse presentes.

La verdad no se tomaba muy en serio las charlas, sobre todo por la informalidad que representaba ser agradable-sexy mientras estaba en pijama, con los pelos amarrados en un chongo y se tomaba una dosis de chocolate o unos cheetos con una coca bien fría y consciente de que sus “amigos” no la podían ver. Total, si algo no salía bien siempre podía pretextar un apagón de luz, la salida inesperada por una emergencia ficticia o de plano que se había caído la red.

El mundo virtual, su second life, era entretenido, se puede decir que bastante divertido. No sólo había oferta de hombres, también la había de mujeres, lo que hizo ampliar su panorama sobre la amistad y los encuentros sexuales en general, además de subirle el ego unas cuantas rayitas al sentirse atractiva también para las chicas.

Encontró a personas que le revolucionaban el cerebro, hablaba de temas tan variados que iban desde literatura latinoamericana hasta los diferentes tipos de asesinos seriales según su fisonomía. En toda ocasión era posible encontrar a otro cibernauta igual de aburrido o de interesado para charlar de un tema que surgía del azar después de un “hola, ¿cómo estás?”. Ya no se trataba únicamente del coqueteo físico y de pláticas subidas de tono, se trataba también de la fascinación de la mente y del encanto de encontrar gustos afines y gustos que no sabía que le gustaban.

Y así, de a poquito, como no queriendo la cosa, un galán que se decía periodista le dijo que ya no sólo quería compartir textos a través de la pantalla, quería verla, pero no en una fotografía digital, así que le propuso una cita virtual vía webconference. Al principio ella dudó, hasta entonces era un juego divertido que podía llevar con las chanclas puestas mientras iba al sanitario y se sentaba en el excusado a cagar mientras respondía mensajes. Sin embargo, se preguntó si la experiencia podría resultar interesante y entonces accedió a la cita.

Así, de a poquito, como entran todos los vicios, se adentró en una relación cibernética con el periodista, una relación que demandó conexiones por webconference, textos por mensajes directos y algunas fotos cachondas donde le mostraba los calzones.

Los gustos y los horarios del periodista ya los tenía dominados, así que cuando tocaba la reunión sincrónica virtual se daba una manita de gato, se enchulaba el rostro con maquillaje y se ponía las blusas con escote coquetísimo para mantener el encanto aunque el susodicho ya le conocía casi todos los brassieres y chones que guardaba en su cajón de ropa interior.

Como el ocio es la madre de todos los vicios, así de a poquito, como todas las veces que dijiste que no lo volverías a hacer y lo hiciste; ella consideró las varias sugerencias de conocer a más interesados e interesadas. La agenda del día aún le daba para realizar actividades vitales como dormir, comer, relajarse un rato viendo series e incluso cocinar algo delicioso como un pastel. Es más, se las daba de multitask porque mientras llevaba a cabo una actividad se ponía a chatear desde el teléfono. 

Pasaba un buen rato frente a la pantalla conociendo las extravagancias de una dentista, la vida tormentosa de un ingeniero mecánico, las terribles decisiones de una chica que amaba la pizza, los oscuros secretos de un adolescente calenturiento y un sin fin de historias más.

De un momento a otro estaba atendiendo dos o tres conversaciones a la vez, cancelando algunos planes con sus amigos reales para poder conectarse a una hora establecida con los amigos virtuales. Incluso cancelando a los virtuales porque iba a tener reunión por webconference con otro cibernético y todo comenzaba a convertirse en un caos. Las horas frente al ordenador se alargaron y las citas comenzaron a saturar la agenda del día; y ya que la virtualidad tiene la gracia de acercarnos con cualquiera al otro lado del mundo, tenía reuniones a las  dos de la mañana, a mediodía o las diez de la noche, un desastre. 

Conectarse no era lo difícil, sino que la complicación fue que ya tenía varios amantes virtuales. Vaya, sus cacheteros y demás sensualidades en lencería ya andaban viajando por todo internet, de un lado a otro, de un país a otro, de un idioma a otro.

Tener amantes cibernéticos se convirtió en un trabajo de tiempo completo. Cuando se vio derrotada y completamente agotada por cumplir con cada uno de ellos, supo que debía diseñar una estrategia para atender las necesidades de sus amoríos digitales, porque además no podía tratarlos igual ni mandarles las mismas fotos mostrando las mismas carnes, “eso no es profesional” se dijo. Se tomó muy en serio ese trabajo que no le daba un centavo, pero la mantenía bastante despierta.

Así que mandó un mensaje a cada amante en donde informaba que estaría ausente una semana por situaciones personales que la mantendrían fuera del mundo de ceros y unos, que no debían preocuparse, ella estaría de vuelta para seguir derrochando amor y eróticos besos virtuales.

¿Qué hizo durante la semana?, pues organizar el embrollo en el que se había metido. Estaba muerta de cansancio, pero no podía dejar así nada más a sus chicos y a sus chicas, eso no se hace, vaya ni en la vida presencial se justifica el abandono.

De entrada se fue a comprar un montón de trapos bien atrevidos, ya había repetido calzones varias veces en sus fotos y eso no estaba bien, “a los amantes virtuales hay que tratarlos con un cuidado especial, ellos no pueden tocar así que buscar ropa bonita para que te vean guapa es un plus” pensaba mientras agarraba unos ligueros y unas tangas con estampado animal print. También visitó una estética para que le arreglaran el cabello porque con tan poco tiempo ya lo traía maltratado y terriblemente reseco. Se hizo faciales, las uñas y alguno que otro arreglito básico para salir regia a través del monitor.

Ya en casa y con poca ropa, seleccionó y diseñó diferentes escenarios para sacar fotografías, acomodaba frenéticamente todos los elementos que debían aparecer dentro del encuadre y se hizo sus sesiones fotográficas en la cocina, el jardín, los sillones, el estudio, prácticamente en cada rincón del hogar. Con su temporizador en 10 segundos, corría como loca para acomodarse en la escena con la pose más sensualona que requería el shot fotográfico, aguantándose la respiración y sumiendo la panza. 

Una vez que tuvo una cantidad considerable de fotografías se dio a la tarea de editar, corregir la luz, eliminar lo que no debía aparecer, recortar, pegar, colocar textos o lo que fuera necesario… “¡vaya, ni Play Boy tiene tanto trabajo y planeación detrás de sus ediciones!”, al menos eso pensaba ella.

Se compró un plan anual para programar mensajes directos y planificó sus envíos según gustos y horarios de sus amantes. Colocó en la nube un archivo con frases, historias eróticas y relatos de fantasías sexuales más comunes, de tal forma tendría acceso desde cualquier lugar para hacer copy-paste en whatsapp u otra aplicación, así no perdería tiempo, estaba todo muy bien clasificado: frases románticas, frases sucias, frases comunes, etc.; sólo quedó pendiente la calendarización de los encuentros por webconference, que logró organizar lo mejor posible para atender los fines de semana los horarios más complicados.

La semana fue realmente productiva, muy reveladora en cuanto a sus habilidades para planear y organizar sus redes sociales. Ese fin de semana se tiró al sofá con su bata y sus pantuflas para matar el tiempo viendo películas y comiendo palomitas con salsa valentina, hacía mucho que no se sentía así, se sentía una ganadora.

Decidió quedarse con los amantes que tenía en turno y no buscar más, total la pasión, aunque sea virtual, también se acaba y podría ir incorporando amantes de acuerdo al comportamiento presente o ausente de los actuales.

Nueve meses después le confesó a uno de sus amantes, entre encaje y carne, toda la estrategia que ingenió y cómo dedicaba una semana cada tres meses a tomar nuevas fotos y redactar más fantasías y frases para sus amantes y organizar lo que pasaría en las próximas doce semanas. Su amante quedó sorprendido.

A un año de sus aventuras cibernéticas es la exitosa Community Manager de dos empresas propiedad de su ex amante español que ahora es su jefe real vía internet, por aquello de la distancia entre América y Europa. Su trabajo demanda bastante de su tiempo y además le encanta. Ya no puede atender la misma cantidad de amantes, pero se ha quedado con tres que entienden que hay veces que no puede conectarse porque tiene actividades importantes que atender.

Se sienta en la silla de su estudio en casa después de terminar una llamada telefónica con el jefe - ex amante, le ha dicho que la última estrategia que ella diseñó ha sido un éxito total. Se desparrama con una sonrisa en los labios y suspira pensando en sus queridos amantes cibernéticos que tanto le ayudaron a descubrirse a si misma. De nuevo se siente una ganadora y queda extasiada frente al monitor mirando su fotografía en la página oficial de una de las empresas para las que trabaja.


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