viernes, 29 de mayo de 2020

¿El amor de mi vida?

¿El amor de mi vida?


Yo nunca me voy a casar dijo Lara con gran seguridad mientras acomodaba su rotundo trasero después de abrir una cerveza y continuó, imagínate estar casada con el que crees el amor de tu vida y entonces aparece el verdadero amor de tu vida, ¡qué horror!   y soltaba una carcajada que iluminaba aún más sus enormes ojos entre color verde y miel.

Pues dirás lo que quieras pero casarme si es algo que me gustaría, además estás loca, ¡que flojera estar pensando en esas cosas, déjate llevar! respondió Rita, su amiga que metía una tras otra palomitas de maíz a su boca.

Rita y Lara eran amigas desde que entraron a estudiar a la universidad, se vieron durante la primera clase y desde ese día fueron inseparables. Lara era alegre y curiosa, muy bonita y sencilla, admiradores le sobraban, emboba a medio mundo con sus ojos miel, su risa franca y su forma despistada de andar, caminas como turista todo el tiempo le decía Rita mientras caminaban por el centro de la ciudad.

Lara aseguraba que casarse era un riesgo, ¿cómo saber que funcionaría?, ¿cómo saber que no aparecería de la nada un amor nuevo que arrasara con toda la estabilidad de un matrimonio? ¿cómo dejar pasar el amor? ¿cómo saber que era amor?. Tenía veinte años y era una de sus más grandes preocupaciones. No te parece que te preocupas de más, no seas paranoica, nadie se casaría entonces dijo Rita que le sacaba la lengua y hacía ademanes graciosos mientras ambas soltaban sonoras carcajadas.

Se acabó la escuela, se acabaron los veintitantos, y llegaron los treintaitantos, Rita y Lara, aún amigas estaban ahora separadas, cada una tomó su rumbo pero no por ello dejaron de ponerse al día de vez en cuando por llamada telefónica o por correo electrónico.

¿Qué crees mensa? escuchó Rita a Lara por el auricular.
¿Qué?
¡Pues adivina!
¡Ya dime!
Intenta adivinar, ándale.
Mmm, ¿tienes nuevo trabajo?, ¡no me digas que terminaste con Pablo por favor!
¡No!, ¡cómo crees!... Lara hizo una pausa y con un dulce tono de voz dijo ¡estoy embarazada!

Rita no lo podía creer, estaban gritando en el teléfono y hablaban las dos al mismo tiempo, no se entendía nada, pero ellas juraban que si.

Oye, ¿y te vas a casar? preguntó Rita con sincera curiosidad. 
Pablo me dijo que nos casáramos, pero tú sabes lo que pienso, no estoy segura la verdad.
No me parece raro que me digas que no, pero da igual, estoy emocionada por ustedes.

Pasaron los años la vida llevó a Lara a lugares muy lejanos, para entonces ya tenía dos hijos con Pablo.

Rita la vio alguna vez antes de que partieran y atravesaran el mundo, sintió un huequito en el corazón pero sabía que en la distancia seguían siendo amigas.

Ahora Lara se levantaba con 7 u 8 horas de anticipación respecto a Rita, tomaba en brazos a Irene, su niña más pequeña de apenas dos años, caminaba por el pasillo hasta la habitación de Patricio, su niño de siete años. Los llenaba de tiernos besos y les acariciaba sus cabecitas. Pablo, su ahora esposo, entró y preguntó amor, ¿quieres té negro o café?  Lara le sonrío Té está bien Pablo le dio un beso en la mejilla mientras acariciaba suavemente el rotundo trasero que aún conservaba.

Lara miraba de pie el lago a través de la ventana, quizá ya había llegado o no la pasión de su vida, no lo sabía, sólo que la pasión era una bola de sensaciones en la panza que arrastra todo a su paso, que es irracional, a veces imposible pero siempre efímera… pero, el amor, el amor de su vida sí que había llegado, estaba muy segura de ello, lo llevaba cargando en brazos y lo veía sentado en la cama mientras la miraban con los ojitos amodorrados, los cabellos despeinados y le regalaban una sonrisa brillante y hermosa y le preguntaban ¿mami, ya vamos a desayunar?


No hay comentarios:

Publicar un comentario