¿El amor
de mi vida?
— Yo nunca me
voy a casar — dijo Lara con gran seguridad mientras acomodaba su rotundo
trasero después de abrir una cerveza y continuó, — imagínate estar casada con el que crees el amor de tu vida y
entonces aparece el verdadero amor de tu vida, ¡qué horror! — y soltaba una carcajada que iluminaba aún más sus enormes
ojos entre color verde y miel.
— Pues dirás
lo que quieras pero casarme si es algo que me gustaría, además estás loca, ¡que
flojera estar pensando en esas cosas, déjate llevar! — respondió
Rita, su amiga que metía una tras otra palomitas de maíz a su boca.
Rita y Lara eran amigas desde que entraron a
estudiar a la universidad, se vieron durante la primera clase y desde ese día
fueron inseparables. Lara era alegre y curiosa, muy bonita y sencilla,
admiradores le sobraban, emboba a medio mundo con sus ojos miel, su risa franca
y su forma despistada de andar, — caminas como turista todo el tiempo — le decía Rita mientras caminaban por el centro de la ciudad.
Lara aseguraba que casarse era un riesgo, ¿cómo
saber que funcionaría?, ¿cómo saber que no aparecería de la nada un amor nuevo
que arrasara con toda la estabilidad de un matrimonio? ¿cómo dejar pasar el
amor? ¿cómo saber que era amor?. Tenía veinte años y era una de sus más grandes
preocupaciones. — No te parece
que te preocupas de más, no seas paranoica, nadie se casaría entonces — dijo Rita que le sacaba la lengua y hacía ademanes graciosos
mientras ambas soltaban sonoras carcajadas.
Se acabó la escuela, se acabaron los
veintitantos, y llegaron los treintaitantos, Rita y Lara, aún amigas estaban
ahora separadas, cada una tomó su rumbo pero no por ello dejaron de ponerse al
día de vez en cuando por llamada telefónica o por correo electrónico.
— ¿Qué crees
mensa? — escuchó Rita a Lara por el
auricular.
— ¿Qué?
— ¡Pues adivina!
— ¡Ya dime!
— Intenta
adivinar, ándale.
— Mmm, ¿tienes
nuevo trabajo?, ¡no me digas que terminaste con Pablo por favor!
— ¡No!, ¡cómo
crees!... Lara hizo una pausa y con
un dulce tono de voz dijo — ¡estoy embarazada! —
Rita no lo podía creer, estaban gritando en el
teléfono y hablaban las dos al mismo tiempo, no se entendía nada, pero ellas
juraban que si.
— Oye, ¿y te
vas a casar? — preguntó Rita con sincera curiosidad.
— Pablo me
dijo que nos casáramos, pero tú sabes lo que pienso, no estoy segura la verdad.
— No me parece
raro que me digas que no, pero da igual, estoy emocionada por ustedes.
Pasaron los años la vida llevó a Lara a lugares
muy lejanos, para entonces ya tenía dos hijos con Pablo.
Rita la vio alguna vez antes de que partieran y
atravesaran el mundo, sintió un huequito en el corazón pero sabía que en la
distancia seguían siendo amigas.
Ahora Lara se levantaba con 7 u 8 horas de
anticipación respecto a Rita, tomaba en brazos a Irene, su niña más pequeña de
apenas dos años, caminaba por el pasillo hasta la habitación de Patricio, su
niño de siete años. Los llenaba de tiernos besos y les acariciaba sus
cabecitas. Pablo, su ahora esposo, entró y preguntó — amor, ¿quieres té negro o café? — Lara le sonrío —Té está bien — Pablo le dio un beso en la mejilla mientras acariciaba suavemente
el rotundo trasero que aún conservaba.
Lara miraba de pie el lago a través de la
ventana, quizá ya había llegado o no la pasión de su vida, no lo sabía, sólo
que la pasión era una bola de sensaciones en la panza que arrastra todo a su
paso, que es irracional, a veces imposible pero siempre efímera… pero, el amor,
el amor de su vida sí que había llegado, estaba muy segura de ello, lo llevaba
cargando en brazos y lo veía sentado en la cama mientras la miraban con los
ojitos amodorrados, los cabellos despeinados y le regalaban una sonrisa
brillante y hermosa y le preguntaban —¿mami, ya vamos a desayunar? —

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