LA MUGRITA
El reloj marca las horas y en la estación
de trenes todos corren y miran sus relojes de pulsera mientras descienden por
las escaleras, otros miran el enorme reloj que se ubica en el centro del
interior del edificio y entre zancadas y brincos alcanzan a trepar los últimos
vagones del tren.
He levantado tantos objetos que no podría decir
una cantidad exacta: sombreros, abrigos, sombrillas, pañuelos, paquetes con
comida, cartas y más. Todo lo que se pierde en el ajetreo diario encuentra un
nuevo lugar dentro de una colección interminable de objetos danzantes dentro de
un cuarto obscuro de objetos olvidados. Algunas personas regresan y preguntan
por aquello que en verdad les importa. En una ocasión una señora de unos 65 años, llegó a preguntar por una carta, la mandé a la ventanilla de información
para objetos perdidos u olvidados, la encontró, era la carta de su hijo, su
carta póstuma, la despedida que le dejó al suicidarse. Una chica recuperó
el pañuelo de su novio, se lo entregó antes de partir a la guerra, ella no sabe
si lo volverá a ver, pero al menos el único recuerdo que tiene junto a una foto
pudo ser devuelto a sus manos, echó a llorar cuando se lo entregaron. Hay
quienes no corren con tan buena suerte y han perdido hasta a sus hijos aquí
adentro.
Nadie pone atención cuando anda a prisa, he visto
como ruedan las personas por las escaleras al dar un tropezón o al ser
empujados por accidente por otro cuerpo que anda igual, ¡en la pura corredera!
Hay un sin fin de pequeños y grandes accidentes durante todo el día todos los
días, no sólo se pierden objetos, también se pierde el aliento, el espacio, la
movilidad y hasta la vida, es bien sabido que más de uno ha caído a las vías
del tren… bueno, obviamente no vivieron para contarlo.
Yo nací sin tiempo, sin horario pues. Estoy en la
estación de trenes desde que recuerdo. Supongo que aquí me abandonaron, igual
nací aquí mismo porque no recuerdo haber vivido en ningún otro lugar, te digo
que no tengo tiempo ni memoria, apenas recuerdo las cosas que pasan, olvido
pronto, dicen que así eres más feliz.
En la estación me conocen como La Mugrita porque muchos pasajeros me dicen “quítate
mugrosa”, sobre todo cuando la demora
los hace brincar como changos saltando obstáculos, la gente con apuro suele no
ser amable, podría decir que la premura vuelve groseras a las personas. La
señora Josefina, del puesto de periódicos, me empezó a decir Mugrita y
acá me llaman así, pero de forma cariñosa, eso se siente luego, luego cuando
escucho el tono de la voz de quién me habla.
Ayudo a limpiar y a veces a los pasajeros con su
equipaje, sobre todo a las señoras que me dan unas monedas y me dicen cosas
como “niña, mejor ve a la escuela a estudiar”. Acá todos son muy amables conmigo y me llaman a
cada rato para pedirme favores a cambio de comida, dinero o algún objeto
curioso: “Mugrita, ve cámbiame el billete”, “Mugrita, pasa un trapo
por el mostrador”, “Mugrita, tráeme un refresco y te compras uno tú”, “Mugrita
por favor”, “Mugrita gracias”.
A veces me siento en las escaleras principales de
la estación y veo el frenesí del día, hay horas muy tranquilas en donde nadie
corre, creo que hasta disfrutan de esperar el tren en calma. Por la mañana las
mujeres se abanican y los hombres usan el periódico para darse un poco de aire,
llegan sofocados a los andenes de tanto correr, con las mejillas coloradas y
los labios rojos, las señoras se ven muy bonitas así coloradas, me recuerdan a
las muñecas que vende Mariana la que atiende un local con regalos.
El otro día Doña Josefina me regaló un reloj y me
dijo que era para que tuviera horarios, que era una forma de organizar el
tiempo, que así podría tener bien establecida la hora de comer, la hora de
dormir y la hora para hacer mis quehaceres. Me pareció grosero no aceptar su
regalo, pero pues yo me duermo cuando tengo sueño, como cuando tengo hambre y
hago mis quehaceres durante el día porque es lo único que tengo que hacer ¿por
qué tanta obsesión por organizar mi tiempo? Además, ¿quién necesita un reloj
personal cuando hay tantos en la estación?
Me ponía el reloj todos los días porque si no lo
traía puesto Doña Josefina luego, luego me preguntaba si ya lo había perdido y
no quiero decepcionar a Doña Jose que es bien buena conmigo, siempre me regala
ropa, zapatos, comida y hasta algún juguete bonito, dice que soy algo así como
su nieta y le gusta platicarme historias de su vida, es muy divertida, hace
muchas caras cuando cuenta chismes, yo me río mucho con ella y me gusta darle
un abrazo todos los días cuando la paso a ver a su puesto.
Hace unos días Doña Jose y yo, más ella que yo,
nos dimos cuenta que el reloj que me dio se atrasaba 5 minutos, ella corregía
la hora y pasados unos días se volvía a atrasar 5 minutos, así pasó varias
veces. Al principio creímos que era un defecto de la máquina. Para mí no pasaba
absolutamente nada, pero Doña Jose y sus obsesiones le hicieron buscar otro
reloj y me lo dio, ¡sorpresa!, también se atrasaba 5 minutos, fue la misma
historia que con el anterior. No se dio por vencida y buscó otro reloj ¿qué
crees tú que sucedió?... pues lo mismo, 5 minutos atrás.
Lo extraño es que, si los relojes los usa Doña
Jose o alguien más funcionan a la perfección, es más, marcan la hora exacta
según el gran reloj de la estación de trenes. La cosa es que, si yo uso
cualquier reloj el tiempo pasa más lento, o los relojes se relajan y toman un
respiro para no andar tan de prisa y se atrasan.
Creo que Doña Jose se ha dado por vencida porque
ya no me ha dado nada que ponerme para medir el tiempo, quizá ya se dio cuenta
que no nací para estar contando cada segundo y que no es mi obsesión mirar el
reloj como lo hacen la mayoría de los adultos, me da flojera y no quiero ser
grosera como los que saltan entre los andenes y pasillos. Si corro, si tengo
que correr, que sea porque un campo de flores en primavera me invita a
recorrerlo de punta a punta, pero no porque tengo que correr para alcanzar el
último vagón.
Hoy Doña Jose y Mariana me regalaron unos colores
y un cuaderno de hojas blancas, me han dicho que puedo dibujar un reloj con las
horas como yo las quiera acomodar, que estoy peleada con el tiempo y que eso no
está mal. ¡Estoy feliz, he imaginado un montón de diseños y un montón de horas
diferentes, puedo usar un reloj diferente todos los días! Voy a decorar la
estación con mis relojes alternativos. Luis, el inspector ya me dio permiso.

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