miércoles, 19 de agosto de 2020

La Mugrita

 

LA MUGRITA

 El reloj marca las horas y en la estación de trenes todos corren y miran sus relojes de pulsera mientras descienden por las escaleras, otros miran el enorme reloj que se ubica en el centro del interior del edificio y entre zancadas y brincos alcanzan a trepar los últimos vagones del tren.

He levantado tantos objetos que no podría decir una cantidad exacta: sombreros, abrigos, sombrillas, pañuelos, paquetes con comida, cartas y más. Todo lo que se pierde en el ajetreo diario encuentra un nuevo lugar dentro de una colección interminable de objetos danzantes dentro de un cuarto obscuro de objetos olvidados. Algunas personas regresan y preguntan por aquello que en verdad les importa. En una ocasión una señora de unos 65 años, llegó a preguntar por una carta, la mandé a la ventanilla de información para objetos perdidos u olvidados, la encontró, era la carta de su hijo, su carta póstuma, la despedida que le dejó al suicidarse.  Una chica recuperó el pañuelo de su novio, se lo entregó antes de partir a la guerra, ella no sabe si lo volverá a ver, pero al menos el único recuerdo que tiene junto a una foto pudo ser devuelto a sus manos, echó a llorar cuando se lo entregaron. Hay quienes no corren con tan buena suerte y han perdido hasta a sus hijos aquí adentro.

Nadie pone atención cuando anda a prisa, he visto como ruedan las personas por las escaleras al dar un tropezón o al ser empujados por accidente por otro cuerpo que anda igual, ¡en la pura corredera! Hay un sin fin de pequeños y grandes accidentes durante todo el día todos los días, no sólo se pierden objetos, también se pierde el aliento, el espacio, la movilidad y hasta la vida, es bien sabido que más de uno ha caído a las vías del tren… bueno, obviamente no vivieron para contarlo.

Yo nací sin tiempo, sin horario pues. Estoy en la estación de trenes desde que recuerdo. Supongo que aquí me abandonaron, igual nací aquí mismo porque no recuerdo haber vivido en ningún otro lugar, te digo que no tengo tiempo ni memoria, apenas recuerdo las cosas que pasan, olvido pronto, dicen que así eres más feliz.

En la estación me conocen como La Mugrita porque muchos pasajeros me dicen “quítate mugrosa”, sobre todo cuando la demora los hace brincar como changos saltando obstáculos, la gente con apuro suele no ser amable, podría decir que la premura vuelve groseras a las personas. La señora Josefina, del puesto de periódicos, me empezó a decir Mugrita y acá me llaman así, pero de forma cariñosa, eso se siente luego, luego cuando escucho el tono de la voz de quién me habla.

Ayudo a limpiar y a veces a los pasajeros con su equipaje, sobre todo a las señoras que me dan unas monedas y me dicen cosas como “niña, mejor ve a la escuela a estudiar”. Acá todos son muy amables conmigo y me llaman a cada rato para pedirme favores a cambio de comida, dinero o algún objeto curioso: “Mugrita, ve cámbiame el billete”, “Mugrita, pasa un trapo por el mostrador”, “Mugrita, tráeme un refresco y te compras uno tú”, “Mugrita por favor”, “Mugrita gracias”.

A veces me siento en las escaleras principales de la estación y veo el frenesí del día, hay horas muy tranquilas en donde nadie corre, creo que hasta disfrutan de esperar el tren en calma. Por la mañana las mujeres se abanican y los hombres usan el periódico para darse un poco de aire, llegan sofocados a los andenes de tanto correr, con las mejillas coloradas y los labios rojos, las señoras se ven muy bonitas así coloradas, me recuerdan a las muñecas que vende Mariana la que atiende un local con regalos.

El otro día Doña Josefina me regaló un reloj y me dijo que era para que tuviera horarios, que era una forma de organizar el tiempo, que así podría tener bien establecida la hora de comer, la hora de dormir y la hora para hacer mis quehaceres. Me pareció grosero no aceptar su regalo, pero pues yo me duermo cuando tengo sueño, como cuando tengo hambre y hago mis quehaceres durante el día porque es lo único que tengo que hacer ¿por qué tanta obsesión por organizar mi tiempo? Además, ¿quién necesita un reloj personal cuando hay tantos en la estación?

Me ponía el reloj todos los días porque si no lo traía puesto Doña Josefina luego, luego me preguntaba si ya lo había perdido y no quiero decepcionar a Doña Jose que es bien buena conmigo, siempre me regala ropa, zapatos, comida y hasta algún juguete bonito, dice que soy algo así como su nieta y le gusta platicarme historias de su vida, es muy divertida, hace muchas caras cuando cuenta chismes, yo me río mucho con ella y me gusta darle un abrazo todos los días cuando la paso a ver a su puesto.

Hace unos días Doña Jose y yo, más ella que yo, nos dimos cuenta que el reloj que me dio se atrasaba 5 minutos, ella corregía la hora y pasados unos días se volvía a atrasar 5 minutos, así pasó varias veces. Al principio creímos que era un defecto de la máquina. Para mí no pasaba absolutamente nada, pero Doña Jose y sus obsesiones le hicieron buscar otro reloj y me lo dio, ¡sorpresa!, también se atrasaba 5 minutos, fue la misma historia que con el anterior. No se dio por vencida y buscó otro reloj ¿qué crees tú que sucedió?... pues lo mismo, 5 minutos atrás.

Lo extraño es que, si los relojes los usa Doña Jose o alguien más funcionan a la perfección, es más, marcan la hora exacta según el gran reloj de la estación de trenes. La cosa es que, si yo uso cualquier reloj el tiempo pasa más lento, o los relojes se relajan y toman un respiro para no andar tan de prisa y se atrasan.

Creo que Doña Jose se ha dado por vencida porque ya no me ha dado nada que ponerme para medir el tiempo, quizá ya se dio cuenta que no nací para estar contando cada segundo y que no es mi obsesión mirar el reloj como lo hacen la mayoría de los adultos, me da flojera y no quiero ser grosera como los que saltan entre los andenes y pasillos. Si corro, si tengo que correr, que sea porque un campo de flores en primavera me invita a recorrerlo de punta a punta, pero no porque tengo que correr para alcanzar el último vagón.

Hoy Doña Jose y Mariana me regalaron unos colores y un cuaderno de hojas blancas, me han dicho que puedo dibujar un reloj con las horas como yo las quiera acomodar, que estoy peleada con el tiempo y que eso no está mal. ¡Estoy feliz, he imaginado un montón de diseños y un montón de horas diferentes, puedo usar un reloj diferente todos los días! Voy a decorar la estación con mis relojes alternativos. Luis, el inspector ya me dio permiso.

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