EL ÚLTIMO SUEÑO
Se quita el delantal rápidamente y toma el suéter color canela que dejó sobre una silla cuando llegó por la mañana. Es tarde y seguramente tendrá que correr para alcanzar el último autobús de la noche.
Se mira brevemente en el espejo colgado en la pared cercana al baño de mujeres y con un “buenas noches” sale apresurada del lugar. Quiere volar, el reloj ya marca las 10:25 p.m. y cuenta con tan sólo 5 minutos más para llegar a la parada de autobús.
Los zapatos altos color marrón se atoran en cada piedra, a cada paso y piensa en quitárselos para correr hacia la vía principal, pero es imposible, la lluvia ha logrado inundar la calle de lodo. “En fin”- piensa. A unos metros de la esquina ve el autobús y a un pasajero que está por abordarlo, corre ya sin importar como puedan quedar los zapatos, pero el camión comienza a avanzar y ella grita, el ruido del autobús es mayor que su débil voz cansada y cubre el silencio dejándola tirada y sin transporte. El autobús parte si ella.
Susana se levanta entre el enojo y la decepción, ahora tendrá que pagar un taxi para llegar a casa y eso significa menos pesos para esa “bonita” chamarra de mezclilla que vio en el centro: “no importa que me tarde un año en juntar el dinero, esa chamarra es para mí”. Piensa que no le sucede lo mismo todos los días “afortunadamente”, quizá mañana se presente con tenis al trabajo para correr más rápido en caso de ser necesario.
Ya en la esquina y llena de lodo un hombre la ve, la mira fijamente y ella siente miedo, esas miradas la asustan, no está acostumbrada a que la observen de esa manera. Su vida no ha sido fácil, abandonó su casa desde joven para irse a probar suerte lejos de su padre que la trataba peor que a un mueble viejo e inservible. Acaso ahora no es completamente feliz, pero se siente libre.
El hombre fuma y camina lentamente hacia Susana, ella decide no darle importancia, pero no lo logra, cada vez lo siente más cerca y mira de reojo mientras disimula tener la vista sobre un folleto arrugado y sucio. El hombre tira toscamente la colilla del cigarro al suelo y la pisa con el pie, sigue caminando. Susana siente un nudo en el estómago y mira hacia la calle con la esperanza de ver un taxi. Las luces la ciegan y una luz roja en el parabrisas de un auto le indica que es el taxi que ella espera, rápidamente baja de la acera y hace la parada. El hombre que la mira le dice: “Hola”, ella voltea a verlo mientras sube al taxi llena de cansancio y temor.
Indica la dirección de destino al chofer y éste arranca velozmente mientras mira las piernas de su pasajera por el retrovisor. Siente alivio la pobre mujer, tal vez no alcanzar el camión haya sido bueno después de todo, va cómodamente sentada, piensa en lo cansado y aburrido que estuvo el día. Sus ojos se cierran por unos segundos y sueña. Un claxon la despierta súbitamente y decide mirar la noche por la ventana.
Baja lentamente del auto y se despide con un “gracias”, el chofer responde sin dejar de mirarle las piernas y arranca para desaparecer en el frío callejón en donde se encuentra su departamento.
Susana tiene sueños y se regocija al desatar sus fantasías mientras no tiene nada mejor que hacer. Siempre imagina ser una importantísima diseñadora, sofisticada, con el cabello a la última moda, con ropa “bonita” y con miles de admiradores. Después de imaginar se ríe y busca algo dentro de su refrigerador que está prácticamente vacío. Toma un vaso y vierte leche en él, toma unas galletas y las engulle rápidamente, quiere dormir.
En la cama decide amarrar su cabello con un listón, ha escuchado en el restaurante en donde trabaja que amarrar el cabello por las noches ayuda a que crezca más rápido y ella desea, entre muchas otras cosas, una cabellara más larga.
Al día siguiente todo es igual, la misma rutina, la misma ropa: una blusa blanca de manga larga, una falda negra, zapatos altos color marrón y su suéter canela para el frío de la noche, nada especial.
En el restaurante hace de todo, realmente la contrataron como mesera, pero igual friega pisos, cocina o limpia mesas. No pudo conseguir algo mejor, “ni modo”- pensó Susana, ahora se arrepiente de no haber terminado la secundaria.
Susana entra al baño y se mira nuevamente en el espejo, piensa que pasan los años y ella esta sola, se mira una mancha en la piel y se siente vieja aunque no lo es, se pregunta entonces si es bueno seguir soñando en ideas tan lejanas como ser diseñadora o si es preferible sólo soñar con la chamarra de mezclilla que es más cercana a la realidad. En su letargo mira por el espejo al hombre de la noche anterior parado en la puerta, pero sale tan velozmente que parece una alucinación. Susana cierra su bolso de prisa y corre hacia la puerta que le queda a casi nada de distancia, busca con la mirada al hombre, no ve a nadie, todo alrededor luce sin novedad.
Sale del baño y pregunta a su compañera si ha visto a un hombre abandonar el lugar apresuradamente y recibe una respuesta negativa, entonces piensa que se metió al baño de hombres y espera… nadie sale por lo que decide entrar, pero el baño esta completamente solo.
Piensa que no debe preocuparse más de lo debido, su imaginación es terrible y ese hombre le ha llamado la atención desde ayer en la noche, su voz tan gruesa la ha perturbado. Después de todo no es tan malo, puede ser el personaje de una película de las que le gusta ver en su diminuto televisor.
Un amigo del viejo vecindario de Susana entra casualmente a comer al lugar, se reconocen y se saludan afectuosamente. Ella le dice que tiene muchas ganas de platicar con él, sin embargo, en horario de trabajo es imposible, por lo que deciden que el muchacho regrese en la noche y de ahí se irán al departamento de Susana para recordar los viejos tiempos.
Llega la noche y se pinta los labios, no quiere lucir desarreglada, además ese uniforme la hace ver insignificante y sin chiste. Su amigo saluda de nueva cuenta, sólo que ahora le da un beso en la mejilla y Susana comienza a soñar como es su costumbre. Se suben al auto y se encaminan directo al lugar de ella. Discretamente y sin darse cuenta vuelve a su mente el hombre desconocido y voltea mientras esperan cruzar la esquina, al parecer no hay nadie, pero mientras pasa el camión que les impide el paso una mirada penetrante observa a Susana.
El pensamiento de aquel hombre se borra lánguidamente y pasa a formar parte de las quimeras de la chica. La conversación se torna cada vez más animada y el hombre desaparece completamente de su mente.
Hay café y un pay de limón sobre la mesa. Susana sirve en pequeños platos, idénticos al tamaño de sus esperanzas de encontrar pareja, mientras tanto mira los ojos de su acompañante. Hacía tanto tiempo que no lo veía, ya no sabe lo que es platicar y reírse por las eventualidades diarias y la melancolía de los tiempos pasados.
El ambiente es perfecto y las risas inundan por completo la soledad de Susana, se quiere ahogar en ellas, pero su amigo tiene que partir porque es muy tarde. Ella lo acompaña a la puerta y le dice que está muy contenta de verlo, le pregunta si es posible que se encuentren después y él le responde que le daría mucho gusto porque la velada ha sido estupenda, pero tiene que regresar a casa pues está de viaje y su mujer lo espera. La sonrisa de Susana se desdibuja y queda apenas un esbozo de ella, ríe levemente mientras se despide con un beso en la mejilla y sus sueños se derrumban por milésima vez. Ni hablar, la vida continúa y seguramente no hay más de lo que se encuentra frente a sus narices.
Sale por la mañana como todos los días hacia su lugar de trabajo. Todo transcurre sin novedad y lo más emocionante es la invitación de uno de sus compañeros a una fiesta que darán mañana en un centro nocturno del centro. Ella está invitada y como tiene mucho tiempo que no sale de fiesta se siente emocionada, pero eso no es todo, al finalizar la tarde Susana recibe un bono por su desempeño y está muy contenta, por fin podrá comprar la chamarra de mezclilla de la que está “enamorada”.
Nuevamente en la parada de autobús siente que alguien la mira, esta vez siente curiosidad, pero teme buscar insistentemente con la mirada. Va acompañada de una compañera del restaurante y camina confiada al observar disimuladamente los alrededores. No ve a quien la mira. Llega el autobús y su amiga sube antes que ella, al poner un pie dentro del camión escucha un “Adiós Susana” y es el hombre de las noches pasadas. Esta vez Susana lo mira fijamente a través de la ventana y observa el rostro que la escudriña desde afuera; pareciera que hay un imán porque ella no puede apartarle los ojos de encima, una opresión en el pecho le advierte que el miedo está ahí, entonces el autobús arranca después de subir a un último pasajero. La mirada la sigue hasta que se pierde en la periferia.
Susana llega a casa y se siente intranquila, procura dormir y la imagen de ese hombre vuelve a cada segundo, piensa el por qué sabe su nombre. Reflexiona que es mejor levantarse de la cama y distraerse, entonces busca entre su ropa lo que usará para la fiesta del día siguiente, su mente se distrae por momentos y finalmente es tan tarde que el sueño la vence por completo.
Por la mañana guarda en una mochila la ropa que escogió para la noche, ella y unas compañeras se irán directo a la fiesta al salir del restaurante. Decide salir una hora antes de lo habitual porque quiere pasar al centro a comprar la chamarra ese mismo día, será el complemento perfecto para su atuendo.
Llega a la tienda y no ve la chamarra, ya la han vendido, se demoró demasiado en ir, se siente tan frustrada, tan tonta. La señorita del establecimiento le dice que es probable que lleguen otras chamarras similares, pero que de ninguna manera iguales a la que le gustó y le muestra otros modelos. Susana, entre su tristeza ve una que le agrada, no como la otra, se la prueba y decide comprarla.
Ya de noche, Susana se siente radiante envuelta en un vestido color blanco que se le pega al cuerpo, todos sus compañeros la miran con curiosidad, nunca imaginaron la figura de Susana tan esbelta y bien formada, usa por su puesto su chamarra nueva.
También en la tarde llovió como la vez pasada, la calle tiene lodo y Susana se preocupa por su calzado que también es blanco como su vestido y se lo comunica a una amiga, ésta le dice que no importa pues antes de irse mojará un trapo para que al llegar a la parada del autobús puedan limpiar los zapatos.
Llega la hora de cerrar y todos salen emocionados, Susana lo está como el resto de sus compañeros. Unos metros antes de llegar a la parada Susana siente nuevamente la opresión en el pecho y teme encontrarse al hombre que lejos de curiosidad le causa miedo. Todos esperan entre risas y bromas el transporte y, los ojos de Susana, confiados por la presencia de sus compañeros, buscan desesperados sí el hombre está por algún rincón, pero no hay nada ni nadie, Susana se encuentra tranquila.
El centro nocturno es realmente fascinante, tantas luces marean a Susana y todos bailan eufóricos, es un momento muy corto de felicidad absoluta, todos se miran tan agradables tan honestos detrás del maquillaje y de la ropa “bonita”. Hace tiempo que ella no sale a divertirse y aprovecha al máximo.
La fiesta termina y Susana tiene que ir a casa, sólo un amigo de sus compañeros del restaurante lleva auto, y se ofrece a acercar a unos cuantos por el rumbo o a un lugar aceptable para tomar un taxi. Susana se sube al auto y viaja durante media hora entre conocidos y desconocidos por varias calles de la cuidad. Finalmente la dejan cerca de su casa, a unas cuantas cuadras.
Hace frío y Susana toma la chamarra nueva con ambas manos tratando de calentarse un poco. Es de madrugada y todo está en silencio. Su estado emocional es extraño para ella misma, siente sueño y prefiere seguir caminando antes de detenerse en cualquier lugar para especular sobre sus fantasías.
Un hombre detrás de ella le dice “Hola Susana”, esa voz es tan conocida para sus oídos, no la ha olvidado desde la primera vez que la escuchó. Su cabeza torna hacia atrás y es el hombre de la parada de autobús. Ella no sabe que hacer, queda pasmada por unos segundos, se le olvida el frío. El hombre nuevamente trae un cigarrillo y se acerca a ella caminando lentamente, Susana está como en otro mundo y lo mira fijamente, piensa que puede ser un sueño, la euforia de unas horas atrás la pudieron haber afectado. “Sí”, se dice hacia sus adentros, “es otro sueño”, pero el hombre finalmente llega hasta ella y la toma rudamente del brazo, Susana siente dolor y se da cuenta que es real, siente miedo y grita ¡“no”!, un no que se pierde lentamente entre las manos de aquel hombre. Susana no sabe por qué la conoce, quién es él, qué intenta.
El hombre lleva a Susana a un lugar apartado entre la noche, sus manos la retienen tan fuerte que Susana siente profundo dolor. Él la tumba sobre el suelo y la mira los ojos, Susana está aterrada pero no puede apartar la mirada de los ojos de aquel hombre. Él saca una navaja del bolsillo y dice tranquilamente “adiós Susana”, apartando sus manos de la boca de la chica. Ella grita desesperada ¡“no”!, y en su grito que se pierde, ella piensa que es mejor así, es una pesadilla, el último sueño. Después de todo, sus sueños nunca se hacen realidad.
El vestido de Susana está completamente sucio, lleno de lodo. La chamarra igualmente sucia y manchada de rojo, los curiosos se arremolinan en torno a Susana y observan morbosamente mientras un hombre la cubre con una sábana blanca.
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